Hito en la cristiandad
Sarah Mullally hace historia como la primera arzobispa de Canterbury: Un giro de 1,400 años en la Iglesia de Inglaterra
En una ceremonia cargada de simbolismo en la mítica Catedral de Canterbury, Sarah Mullally fue entronizada como la máxima autoridad espiritual del anglicanismo. Tras suceder a 105 varones, la nueva arzobispa asume el liderazgo de la Iglesia de Inglaterra con el desafío de modernizar la institución y unificar a más de 85 millones de fieles en todo el mundo.

Composición Radio La Tremenda
MARTES, 24 DE MARZO DE 2026
La historia de la religión en Occidente ha dado un vuelco sin precedentes este 25 de marzo de 2026. La Iglesia de Inglaterra ha roto con catorce siglos de tradición exclusivamente masculina al oficializar la entronización de Sarah Mullally como la 106.ª líder espiritual de su congregación. El acto, celebrado en la emblemática Catedral de Canterbury, no solo representa un cambio de mando, sino la culminación de un largo proceso de apertura hacia la equidad de género en las esferas más altas del poder eclesiástico. Mullally se convierte así en la primera mujer en portar el báculo de Canterbury, una posición que desde el año 597 d.C. había sido ocupada únicamente por hombres.
De la enfermería al máximo solio del anglicanismo
El perfil de la nueva líder es tan atípico como su nombramiento. Antes de dedicar su vida al ministerio religioso, Sarah Mullally, de 63 años, forjó una destacada carrera como enfermera oncológica, una experiencia que, según sus allegados, ha dotado a su visión pastoral de una sensibilidad social única. Su ascenso dentro de la jerarquía fue meteórico: se ordenó como sacerdotisa a los 40 años y, para el 2018, ya hacía historia al ser nombrada obispa de Londres. Hoy, al asumir como arzobispa, su trayectoria es vista como un puente entre la vocación de servicio humanitario y la firmeza doctrinal necesaria para guiar al anglicanismo en tiempos de secularización.
La ceremonia de entronización contó con la presencia de destacadas autoridades civiles, líderes de diversas confesiones y miembros de la Familia Real, quienes presenciaron cómo la tradición milenaria se adaptaba a la modernidad. Durante el ritual, se enfatizó que la llegada de Mullally a Canterbury es un símbolo de renovación para una fe que busca mantenerse relevante en sociedades cada vez más diversas y críticas ante las instituciones tradicionales. Sin embargo, su liderazgo no comienza en un terreno sencillo; la nueva autoridad deberá navegar entre las demandas de los sectores más progresistas y las reticencias de las facciones conservadoras que aún cuestionan el acceso femenino a la alta jerarquía.
Desafíos globales y unidad eclesial
El reto principal para la arzobispa será mantener la cohesión de la Comunión Anglicana, una red global que agrupa a millones de creyentes con visiones a veces contrapuestas sobre la doctrina. En un contexto donde Europa experimenta un alejamiento de la práctica religiosa, Mullally apuesta por una Iglesia de Inglaterra más inclusiva, que no tema debatir sobre el rol de las minorías y la justicia social. Su gestión será observada de cerca por otras denominaciones cristianas, ya que el éxito de su liderazgo podría sentar las bases para reformas similares en otras partes del globo.
Finalmente, la jornada de hoy en Canterbury marca un antes y un después en el calendario litúrgico y político del Reino Unido. La figura de Sarah Mullally representa la esperanza de una fe que, sin renunciar a sus raíces, se atreve a evolucionar. Al concluir el rito, quedó claro que el anglicanismo ha iniciado un capítulo inédito donde la voz femenina tendrá, por primera vez, la última palabra en la guía espiritual de la nación. El mundo observa con atención cómo esta antigua institución se encamina hacia el futuro bajo la dirección de su primera líder mujer, en un acto que ya es calificado como el cambio más profundo en la historia reciente de la Iglesia de Inglaterra.
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