Crisis en el cuerpo de voluntarios
Bomberos denuncian abandono estatal y una brecha presupuestal de 1200 millones de dólares: "Estamos en la cola de las prioridades"
El Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú lanzó una dramática advertencia sobre su capacidad operativa. Tras un incendio en Surco, el comandante Alfonso Panizo denunció que requieren una inversión urgente de 1200 millones de dólares para renovar unidades obsoletas y contratar personal clave, criticando duramente al Estado por priorizar el rescate financiero de empresas públicas sobre la atención de emergencias.

Composición Radio La Tremenda
JUEVES, 26 DE MARZO DE 2026
La precariedad con la que operan los "hombres de rojo" en el Perú ha alcanzado un punto de quiebre. Durante la madrugada de este viernes, tras extinguir un incendio de grandes proporciones en una fábrica textil de Surco, el comandante territorial Alfonso Panizo utilizó las cámaras de los medios de comunicación para exponer la realidad crítica que atraviesa la institución. Según el alto oficial, los Bomberos enfrentan una brecha presupuestal que supera los 1200 millones de dólares, una cifra necesaria no para expandir el servicio, sino para garantizar la supervivencia básica de sus operaciones a nivel nacional.
Un parque automotor al borde del colapso
El panorama descrito por Panizo es desolador: gran parte de las unidades que atienden emergencias en Lima y provincias tienen entre 30 y 50 años de antigüedad. Durante el reciente siniestro en Surco, tres vehículos sufrieron fallas mecánicas críticas en pleno combate contra el fuego, evidenciando que el equipo actual ya no es apto para las exigencias de la ciudad. El comandante comparó esta carencia con las millonarias inyecciones de capital que el Estado otorga a entidades como Petroperú.
"Estamos profundamente preocupados porque nuestra brecha es de 1200 millones de dólares para equipar a todo el país y reemplazar carros obsoletos, mientras se entrega dinero a compañías públicas quebradas", sentenció.
Déficit de pilotos y personal técnico
La crisis no es solo de máquinas, sino también de personal especializado. Para que las bombas y escalas operen correctamente en el terreno, se requiere una fuerza de 2500 pilotos a nivel nacional. Sin embargo, el presupuesto actual del Estado solo permite la contratación de 500 profesionales. Esta carencia obliga a que la operatividad de tierra sea limitada durante los incendios, poniendo en riesgo la vida de los voluntarios que ingresan a las estructuras en llamas. Panizo resaltó que apenas un puñado de municipios en todo el Perú colabora con el pago de estos conductores, dejando el peso de la seguridad ciudadana en un vacío administrativo peligroso.
Regulaciones estancadas y falta de continuidad
Otro punto crítico de la denuncia es la parálisis legislativa. Desde el año 2018, los Bomberos entregaron al Ministerio de Vivienda una propuesta técnica para regular los sistemas "corta fuego" en edificaciones modernas. Esta normativa busca evitar que las llamas se propaguen rápidamente entre propiedades colindantes, reduciendo la magnitud de los desastres urbanos.
"Estamos entrando a abril de 2026, a puertas de las elecciones, y un documento presentado originalmente en 2015 sigue sin oficializarse", lamentó Panizo, señalando que la falta de continuidad política está costando vidas y propiedades.
La persistente brecha presupuestal ha colocado a los voluntarios en una situación de "cola de la cola" respecto a las inversiones públicas. La institución advierte que, de no atenderse este requerimiento de 1200 millones de dólares, la capacidad de respuesta ante terremotos, incendios industriales o accidentes vehiculares se verá severamente mermada en los próximos meses.
Finalmente, el Cuerpo General de Bomberos hace un llamado al Ejecutivo y al Congreso para que la seguridad de los ciudadanos sea tratada como una inversión estratégica y no como un gasto prescindible. En un país con alta incidencia de emergencias, el heroismo de los voluntarios ya no es suficiente para compensar décadas de desinversión y equipos que pertenecen más a un museo que a una estación de rescate moderna.
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